Miguel Duque

TRASTORNO PARANOIDE DE LA PERSONALIDAD

MIGUEL DUQUE PÉREZ CAMACHO, DIRECTOR DEL INSTITUTO CANARIO DE PSIQUIATRÍA (ICAPSI) Y PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSIQUIATRÍA SOCIAL (SEPPS). CON LA COLABORACIÓN DE LA PSICÓLOGA PAULA MARÍA GÓMEZ HIDALGO, ADJUNTA A LA DIRECCIÓN DEL INSTITUTO CANARIO DE PSIQUIATRÍA (ICAPSI).

 

Los trastornos de la personalidad se agrupan en tres grupos en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-V. El grupo A comprende los trastornos de la personalidad paranoide, esquizoide y esquizotípico; las personas con este trastorno suelen ser consideradas como raras o excéntricas. El grupo B incluye los trastornos de la personalidad antisocial, “borderline”, histriónica y narcisista. Y por último, el grupo C está formado por los trastornos de la personalidad por evitación, por dependencia y el obsesivo-compulsivo.

 

Introducción.

 

Para los autores Harold I. Kaplan y Benjamin J. Sadock, las personas que padecen el trastorno paranoide de la personalidad se caracterizan por tener una enorme suspicacia y desconfianza de la gente en general. Al rechazar la responsabilidad de sus propios sentimientos, delegan esa responsabilidad en los demás.

 

Suelen ser hostiles, irritables y coléricos. A menudo presentan trastornos paranoides de la personalidad, el fanático, el coleccionista de injusticias, el cónyuge patológicamente celoso (celotipia) y el litigante crónico.

 

Las personas que sufren este trastorno raramente buscan tratamiento. Se da más frecuentemente entre los hombres que entre las mujeres y no parece tener un patrón familiar.

 

Diagnóstico.

 

Al realizar el examen psiquiátrico, los pacientes con un trastorno paranoide de la personalidad pueden parecer solemnes y mostrarse desconcertados por estar en una consulta psiquiátrica. Los aspectos que se observan con facilidad son la tensión muscular, la incapacidad para relajarse y la constante necesidad de evaluar el entorno. Suelen ser serios y sin sentido del humor. Su discurso es lógico y está bien dirigido, pero algunas de las premisas de sus argumentos pueden ser falsas. El contenido del pensamiento muestra evidencias de proyección, prejuicio e ideas ocasionales de referencia.

 

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-V, los criterios para el diagnóstico del trastorno paranoide de la personalidad son:

 

A.– Desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas, que aparecen en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos: 1) sospecha, sin base suficiente, de que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar; 2) preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de amigos o socios; 3) reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que comparta vaya a ser utilizada en su contra; 4) en las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores; 5) alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios; 6) percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar; 7) sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel.

 

B.- Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.

 

El síntoma esencial de estos pacientes es la tendencia exagerada, que se inicia en la edad adulta y está presente en diferentes contextos, a interpretar las acciones de los demás como deliberadamente amenazantes o insultantes. Con frecuencia, cuestionan sin ninguna justificación la lealtad o sinceridad de amigos o colaboradores. A menudo, son patológicamente celosas, llegando a poner en duda sin razón la fidelidad de sus cónyuges o parejas.

 

Los pacientes externalizan sus propias emociones, es decir, atribuyen a los demás los impulsos y pensamientos que son incapaces de aceptar en ellos mismos; también son muy comunes las ideas de referencia y las ilusiones defendidas de un modo lógico. Parecen no tener emociones, ya que tienen un afecto restringido. Carecen de calidez, están muy impresionados por las cuestiones de rango y poder y expresan desdén por aquellas personas que consideran débiles, enfermas o con defectos de algún tipo. En situaciones sociales pueden parecer personas muy efectivas, pero suelen generar conflictos con los demás e inspirarles miedo.

 

El trastorno paranoide de la personalidad debe diferenciarse del trastorno delirante, ya que no existen delirios de ningún tipo. También debe distinguirse de la esquizofrenia paranoide, debido a que no aparecen trastornos formales del pensamiento ni ningún tipo de alucinación.

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